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Carta abierta de la Red Latinoamericana de Mujeres Defensoras de los Derechos Sociales y Ambientales

Carta abierta de la Red Latinoamericana de Mujeres Defensoras de los Derechos Sociales y Ambientales a los gobiernos y los movimientos sociales latinoamericanos en el Dia Internacional de la Mujer  

 

En este día tan especial para todas las mujeres del mundo en el que se conmemora la lucha de la mujer por sus derechos de participación igualitaria en la sociedad y por su desarrollo íntegro como persona queremos dirigirnos a ustedes e invitarles a reflexionar lo que significa para nosotras este día.

Somos mujeres latinoamericanas que nos unimos para luchar en defensa del derecho de nuestras sociedades a vivir con dignidad y justicia social en un ambiente sano y en paz y oponernos a los megaproyectos de extracción y saqueo de nuestras riquezas naturales, los minerales metálicos en particular, por sus altos impactos negativos sobre la sociedad en general y especialmente en las mujeres. Cuando las empresas mineras llegan a nuestras poblaciones sufrimos la violación  sistemática de nuestros derechos, contaminan y depredan la naturaleza, merman los espacios de trabajo y de vida en familia. La cotidianidad y la cordialidad de las relaciones sociales y familiares se ven alteradas por problemas como el alcoholismo y la inseguridad en las calles. Se profundizan los problema de la violencia contra las mujeres como la violencia psicológica, física y sexual, la trata y prostitución forzada, la discriminación y exclusión social en los ámbitos laborales, políticos, sociales y económicos, la criminalización a las lideresas de los movimientos sociales de protesta, así como el despojo de sus tierras y el incremento de los problemas de salud.

El establecimiento de empresas mineras en nuestros territorios ha significado el aumento del trabajo de las mujeres, al verse solas con el cuidado del hogar, la tierra, los animales, incluso trabajando fuera de casa para el sustento cuando el varón va a la mina o ya no vuelve.

Con la llegada de las grandes empresas mineras y el aval que los gobiernos les proporcionan a través de leyes que los benefician y su política de represión y criminalización social algunas hemos conocido también la agresión, la cárcel, la tortura y hasta la muerte como nuestras compañeras Bety Cariño Trujillo de México y Dora Alicia Sorto de El Salvador.

Es por eso que en este día hacemos un llamado a los gobiernos y a los movimientos sociales para que reconozcan que la megaminería metálica en Latinoamérica además de generar nocivos impactos sociales, culturales, económicos y ambientales, tiene efectos perversos sobre las mujeres. Además ha empobrecido a nuestras poblaciones, nos ha privado de tierra, agua y alimentos sanos fundamentales para nuestro sustento y el de las generaciones futuras.

El modelo de desarrollo basado en la explotación y el saqueo ilimitados de los recursos de la naturaleza para la acumulación del capital internacional que enriquece a unos pocos y empobrece a la mayoría de nuestros pueblos, fundamentalmente a nosotras, las mujeres, implementado con persistencia por parte de los gobiernos latinoamericanos incluso los llamados progresistas, es un desarrollo destructivo y empobrecedor que no queremos.

Exigimos

- que no se aprueben más concesiones mineras en nuestros territorios

- que se suspendan los permisos ambientales dados a las empresas que no los respetan

- que no se elaboren más leyes especiales que favorecen a la actividad minera en desmedro de actividades tradicionales y más sustentables como la agricultura y la ganadería de la que vive una gran parte de nuestros pueblos, ya sea como productores campesinos y/o consumidores de los alimentos producidos en estas tierras

- que se investiguen y se atiendan con políticas públicas los problemas ocasionados por el impacto nocivo de las actividad minera en nuestros países, en nuestras comunidades y en nuestras vidas.

¡Por el derecho de las mujeres a ser escuchadas y a decidir el desarrollo que queremos! ¡No a la megaminería metalífera en nuestras tierras!

Red Latinoamericana de Mujeres Defensoras de los Derechos Sociales y Ambientales

Para adherir a esta carta enviar mensaje a redlatinoamericanamujeres@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Página web: http://www.redlatinoamericanademujeres.org/

Dirección electrónica: redlatinoamericanamujeres@gmail.com



[1] La Red está conformada por mujeres de Argentina, Bolívia, Colombia, Chile, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, El Salvador, Perú y Uruguay que representan organizaciones, instituciones, colectivos, grupos locales, mujeres del campo y la ciudad, organizaciones ecologistas, de investigación, en algunos casos de mujeres profesionales, o con educación básica, vinculadas por causas comunes a la extracción minera.

 

Monsanto litiga contra un pequeño agricultor que replantó sus semillas

La multinacional Monsanto tiene un litigio con Vernon Hugh Bowman, un pequeño agricultor de Indiana, por saltarse las patentes sobre sus semillas de soja. Lo llamativo del caso es cómo ha violado Bowman la patente: se ha limitado a guardar parte de la cosecha obtenida después de una primera cosecha de semillas transgénicas resistentes a un plaguicida, y la volvió a plantar. Lleva así nueve años, por lo que se está beneficiando de los mayores rendimientos de la planta diseñada por Monsanto sin pagarle los derechos correspondientes. El juicio está en el Tribunal Supremo.

El caso ha merecido que Nature lo recoja en su edición digital de hoy. Otros medios, como The New York Times también se han hecho eco. Precisamente en declaraciones a ese diario, Bowman ha dicho que con sus 300 acres (121,4 hectáreas) dedicadas a la soja, el maíz y el trigo, “no merece” ni llamarse un agricultor.

“El demandado en este caso (Bowman) obtuvo la soja modificada de un proveedor local, y durante nueve años la reprodujo violando la patente”, afirma la compañía —con la que este periódico ha intentado ponerse en contacto— en un comunicado. En EE UU los agricultores firman un contrato al comprar las semillas en el que se comprometen a no replantar la producción. Esta salvaguarda para sus intereses la introdujo Monsanto después de abandonar en 1999 la tecnología denominadaTerminator, que hacía que las semillas producidas (el grano en el caso de los cereales) fueran estériles.

“El sistema de patentes de EE UU ha desempeñado un papel crucial para incentivar la innovación y estimular el avance de muchas de las industrias vitales para nuestro país”, ha dicho en ese comunicado Daniel Snively, vicepresidente ejecutivo de Monsanto. “En este caso, el sistema ha permitido el descubrimiento y la expansión de una ciencia novedosa que ha revolucionado la agricultura, permitiendo a los agricultores producir más comida a la vez que ahorraban en recursos naturales”. “Lo que está en juego son algunas de las más innovadoras investigaciones del planeta, no solo en agricultura, sino también en estudios que van desde las medicinas a las ciencias medioambientales que se basan en un sistema de patentes para hacer su inversión en I+D viable económicamente”.

Lo que en el fondo está en juego es qué pasa con sistemas que pueden replicarse solos. Las semillas son un caso peculiar porque nadie piensa en ellas como algo artificial, pero este tipo de protección se utiliza en otras tecnologías, desde cultivos celulares para producir medicamentos o programas de software que pueden replicarse fácilmente. Por eso,The New York Times recoge que no solo el Departamento de Justicia ha emitido una nota apoyando a Monsanto, sino que grupos como BSA The Software Alliance, que representa a empresas como Apple y Microsoft, han dicho en un comunicado que un fallo contra Monsanto “podría facilitar la piratería de software a gran escala”. Ya que los programas son fácilmente replicables. También ha advertido que, por el contrario, una decisión muy rígida en el sentido contrario podría facilitar la abundancia de litigios por menudencias en la defensa de las patentes.

En cambio, grupos como el Center for Food Safety (Centro para la Seguridad Alimentaria) y Save Our Seeds (Salvemos Nuestras Semillas) han afirmado que el juicio pone de manifiesto el papel predominante de Monsanto y otras compañías biotecnológicas en el sector, que han llevado a un aumento de los precios. Según la primera de estas organizaciones, la multinacional ha emprendido más de 140 procesos por infringimiento de patentes que han involucrado a 410 granjeros y 56 explotaciones agrícolas, que le han reportado más de 23,67 millones de dólares (17,73 millones de euros).

El conflicto entre Bowman y la compañía es, por tanto, uno más, pero la compañía cree que debe mantenerlo para proteger sus intereses. El hombre afirma que en verdad él ha comprado todos los años semillas a Monsanto, y que solo replantó una pequeña parte para obtener una segunda cosecha. Como esta suele tener mucho menor rendimiento, no quiso pagar las semillas. La compañía le ha pedido más de 80.000 dólares (60.000 euros). “Estoy dispuesto a que me avasallen, pero no a que me arruinen”, ha dicho Bowman.

Fuentes de la compañía en España, después de insistir en que el caso se ha dado en EE UU, han remitido las siguientes explicaciones: "Seguimos confiando en nuestra posición legal, y pediremos al Tribunal Supremo que confirme la decisión del Circuito Federal, que reafirmó importantes derechos de propiedad intelectual con importancia para la industria de la biotecnología agrícola.  Monsanto invierte más de 4 millones de dólares diarios en investigación y desarrollo para beneficiar a agricultores y consumidores. Sin la protección de las patentes, esto no sería posible.  La vasta mayoría de los agricultores entienden y aprecian nuestras investigaciones y están dispuestos a pagar por nuestras invenciones y el valor que proveen. Ellos no piensan que sea justo que algunos agricultores no paguen.Un pequeño porcentaje de agricultores no honra este acuerdo. Monsanto es consciente, a través de nuestras propias acciones o de terceras partes, de que hay individuos sospechosos de violar nuestras patentes y acuerdos. Donde encontramos violaciones de patentes, somos capaces de alcanzar acuerdos sin necesidad de ir a juicio. En muchos casos, estos agricultores continúan siendo clientes. Algunas veces, ambas partes deciden que sea la corte quien decida sobre el asunto. Esta circunstancia es relativamente poco habitual, y hasta la fecha, solo nueve casos han pasado por un juicio completo. En cada una de estas instancias, el jurado decidió a nuestro favor".

Por último, destaca que "sin importar si el acuerdo se soluciona de manera inmediata, o a través de la vía legal, lo recaudado es donado a la comunidad, incluyendo becas para apoyar a la juventud".

¿Hacia un invierno indígena en Canadá?

¿Hacia un invierno indígena en Canadá?
En Canadá se utiliza la expresión «verano indígena» (été des Indiens) para designar unos períodos inesperados de calor que ocurren en pleno otoño, cuando normalmente hace frío. Sin embargo, este año, es en pleno invierno canadiense cuando se está calentando el escenario político indígena.

Hace seis semanas, Theresa Spence, jefa del pueblo indígena de Attawapiskat, en el norte de la provincia de Ontario, empezó una huelga de hambre para protestar contra las condiciones infrahumanas en que viven los 1200 habitantes de su comunidad, en particular el hacinamiento inaceptable de las familias en viviendas precarias e insalubres en una región donde las temperaturas bajan hasta 40 grados bajo cero. Esta situación, lejos de ser única en el país, es desgraciadamente común en las llamadas «reservas indígenas», o sea los territorios donde han sido relegados los pueblos indígenas después de la llegada de los europeos. La jefa Spence dijo que solamente pondría fin a su huelga de hambre si el primer ministro Stephen Harper y el gobernador general  aceptaban recibirla para discutir de los problemas agudos que azotan a la población indígena.
 
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Los transgénicos y sus empresas nada saben de democracia, ni de justicia.

Los transgénicos y sus empresas nada saben de democracia, ni de justicia.

Aunque muchos medios de comunicación no hablaron de golpe de Estado, lo ocurrido el pasado mes de junio en Paraguay así debe explicarse. Un pequeño país y su economía básicamente agraria fue atacado –con la violencia del poder económico- por quienes controlan la tierra y sus empresas asociadas, nacionales e internacionales, temerosas ante algunos pequeños pasos que el gobierno de Fernando Lugo quería acometer. La organización de mujeres campesinas de Paraguay, Conamuri, integrada en La Vía Campesina, nos lo explica con detalle.

Sombras de democracia en un país de terratenientes

A partir de la asunción del gobierno de Fernando Lugo, en 2008, las contradicciones en el seno de la sociedad paraguaya tendieron a profundizarse. Si bien, al decir del economista Luis Rojas, no se puede hablar de éste como de un régimen socialista –porque, a la hora de las definiciones económicas viró siempre hacia el sector de la clase dominante, en tanto que hacía lo propio hacia el sector popular cuando de temas sociales se trataba– algunos eternos reclamos de la clase trabajadora, como lo relacionado a salud, sobre todo, por fin encontraron eco en una dirigencia diferente al tradicional partido incrustado en el poder desde hacía más de 60 años: el Partido Colorado.

Pero también el gobierno depuesto por el Parlamento, el 22 de junio pasado, fue un poco más temerario de lo que se esperaba, y de ser amigo de programas de asistencialismo y de medidas populistas, pasó a tentar la ofensiva contra el poder hegemónico que representan los terratenientes, a través de la intención de recuperar las tierras robadas al Estado durante el régimen de la dictadura militar e incluso durante la tan prolongada transición democrática. En esta intención, muy por lo bajo anunciada como un cuco, se basó el proceso de cambio en el Paraguay: nada concreto, una ilusión que despertó, por un lado, la indignación y posterior movilización de una ciudadanía más consciente, y, por otro, la alta preocupación de quienes detentan los hilos del poder fáctico.

Intervenir técnica y jurídicamente los latifundios, máxima fuente de las desigualdades sociales en el Paraguay, significaba revertir la estructura agraria que permite que el 85,5% de las tierras esté en manos del 2,6% de la población, elevando la concentración a un nivel de récord mundial.

Aunque hayan sido escasas las concesiones sociales, existió una notable tesitura demócrata en algunos funcionarios públicos, como el SENAVE, de control de semillas, la SEAM, de medioambiente, y el INDERT, que rige la cuestión de tierras y desarrollo rural. Desde entonces, la guerra desatada a través de los medios de la oligarquía denunciaba como un atropello –insólito e inconcebible- el cumplimiento de las normativas ambientales y constitucionales que regulan el espíritu de estas secretarías del Estado: sojeros, ganaderos, latifundistas eran todos uno a la hora de ser medidos con la vara de la ley.

Y estos sojeros, ganaderos y latifundistas, aliados a los medios empresariales de comunicación, el Parlamento, la Corte Suprema y las corporaciones multinacionales y de agronegocios con interés en acceder a los bienes naturales del Paraguay, sentenciaron a muerte el proceso democrático del cambio a través de un burdo juicio político al presidente democrático e instalando en el poder al que fuera su vicepresidente, el liberal y conservador Federico Franco, abiertamente contrario a las resoluciones de Lugo y sus ministros, y simpatizante –y miembro, a la vez– de esa burguesía local, que se sentía cada vez más incómoda con el representante del Ejecutivo, ya que, consecuencia de la participación ciudadana y la promoción de la democracia, la sociedad paraguaya empezaba a mirar con ojo crítico el orden establecido a fuerza de prepotencia, aletargamiento y conformismo.

La hora más sombría de nuestra historia reciente: Marina Cué

En el interior de Campos Morombí S.A., en la localidad de Marina Cué, una empresa sospechosa de estar asentada en tierras malhabidas y, por lo tanto, con años intentando su recuperación por el campesinado organizado, se dio la masacre de Curuguaty que terminó con la vida de 11 campesinos sin tierra y 6 policías, en un confuso episodio de desalojo, el 15 de junio pasado.

La lucha por la tierra en Paraguay acumula muchos cadáveres de luchadores y luchadoras que han bregado por mayor acceso a la justicia social, pero, de una sola vez, tantas muertes solo se recuerdan durante los más crudos pasajes de la represión stronista a las Ligas Agrarias Cristianas, en 1976.

Los acontecimientos registrados en Curuguaty fueron el detonante de la crisis política que catapultó a Federico Franco al poder, tras derrocar al presidente Lugo y tras truncar el proceso de cambio. Hoy día, el gobierno de facto trata por todos los medios a su alcance de que la población olvide lo ocurrido en Marina Cué. Los reclamos de las familias que allí sobreviven no han sido tenidos en consideración, más allá que ante las cámaras y ante el micrófono: todavía esperan que su comunidad se convierta en asentamiento, así como la liberación de 12 detenidos y 42 imputados, y la indemnización por parte del Estado.

Primero, una delegación del Parlasur (Parlamento Suramericano) determinó que en Marina Cué había mucha historia aún por descubrir, concluyendo que la masacre constituía un libreto confeccionado. Un poco después, una misión de La Vía Campesina Internacional arribó al lugar donde viven las familias de los campesinos asesinados y, mediante entrevistas, denunció la situación de abandono y extrema pobreza en que estaba sumergida la población. En agosto, una comisión conformada también por la Vía Campesina y organizaciones solidarias, constató una serie de violaciones a los Derechos Humanos e irregularidades en el procedimiento fiscal-policial, que quedó palpable en un documento a ser presentado próximamente en instancias de organismos internacionales, como la ONU, la OEA y la Unasur.

Resistencia ciudadana contra el golpe

En la práctica, el gobierno del golpe se muestra desorientado. No esperaba la reacción de la ciudadanía movilizada y, mucho menos, el vacío de la región y el desconocimiento de la diplomacia internacional. Solo cuatro países en todo el planeta reconocen en Federico Franco a un presidente legítimo.

Por un lado, si la promoción de la soberanía aparece en los medios y en el discurso oficial como un estandarte del nuevo gobierno, por otro lado, la auténtica soberanía –la alimentaria, la territorial, la energética–, se entrega en los mercados y se ofrece a las multinacionales como Monsanto o Río Tinto Alcán, que han encontrado cierta intransigencia durante el gobierno de Fernando Lugo. A menos de cuatro meses del golpe de Estado parlamentario, Monsanto ha logrado introducir su algodón BT y RR y están en la fase final de un acelerado proceso de aprobación cinco variedades de maíz transgénico. También, la multinacional canadiense, líder mundial en producción de aluminio, Río Tinto Alcán, se apresta para ser un parásito que sobreviva a costa del pueblo paraguayo, con intenciones de consumir energía hidroeléctrica subsidiada que terminarán pagando el trabajador y la trabajadora a través de sus facturas de consumo de corriente eléctrica, sin mencionar los mayores costos ambientales y sociales que esto llegará a significar.

Pero el gobierno golpista no ha tenido un día de paz. La resistencia se traduce en protestas en las calles de la ciudad y movilizaciones, cortes de ruta y algunas ocupaciones en el campo. Si en algo beneficia esta coyuntura es en el acento que ponen los sectores organizados en la unidad y en la unificación de criterios contra el gobierno usurpador. Esta rearticulación surgió de merecidas autocríticas y de la reflexión acerca del letargo provocado por las facilidades que el acceso a la democracia implicó. El periodo de cambio no sirvió para la depuración de los vicios, el tiempo ha sido corto; sirvió, sí, para que una ciudadanía descontenta tomara conciencia de la situación y se animara a la protesta en las redes sociales, en las marchas, hermanada con el movimiento mundial de los indignados, en las acciones de resistencia como lo son los espacios de intercambio de semillas nativas y criollas o el debate instalado en las universidades sobre el peligro que acarrean los transgénicos y la amenaza creciente a nuestra Soberanía Alimentaria.

Pese a las acciones puntuales de resistencia y la unidad como un conato de respuesta colectiva de defensa de los intereses difusos y mayoritarios, no se ha alcanzado todavía el grado de consciencia suficiente para convocar a todos los sectores bajo una misma bandera: estudiantes, campesinado, indígenas, mujeres, sindicatos, etc., cada cual aporta su granito como puede y desde el espacio en que se mueve.

Las aguas, sin embargo, tienden a hervir todavía más. En puertas tenemos las elecciones presidenciales (abril de 2013) y el gobierno ilegítimo de Federico Franco quiere dejar la mesa puesta a las transnacionales, a través de la aprobación de decretos o leyes avaladas por el Parlamento burgués que se perpetúa en el poder constituyendo una auténtica dictadura. Solo la unidad en la lucha y una verdadera convicción de que la clase trabajadora en el Paraguay se merece una sociedad mejor, permitirá hacer vuelta esta página vergonzosa de nuestra sufriente democracia.


Coordinadora Nacional de Organizaciones de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas.

 Fuente: http://revistasoberaniaalimentaria.wordpress.com/2012/12/04/paraguay-golpe-de-estado-y-asesinatos-multinacionales-del-agronegocio-y-resistencia-campesina/

No queremos una Venezuela potencia con base en el extractivismo energético minero

 

No queremos los ejes de desarrollo que entran a Venezuela desde Colombia o Brasil ni mucho menos la integración ensamblada de kilómetros de enormes tubos trasportadores de gas y petróleo ordenado desde las cúpulas tecnocráticas de la IIRSA y el PPP o Mesoamericano. Si queremos una patria bonita inteligente viviendo en consultas apropiadas democráticas que reduzca el poder al Presidente de turno y a su Ejecutivo y lo compartamos con las miles de organizaciones sociales democráticas que hacemos vida políticosocial en el país, pues la democracia es plural o no es. No puede haber pensamiento único y partido único al servicio de la cúpula gobernante.
El modelo del Plan Patria propuesto por el Gobierno de turno nos acerca más al capitalismo salvaje y a la destrucción de la vida en el planeta, sigue el modelo de vida montado como el resto de los gobiernos de América Latina sobre la renta energética minera y el que hacer de las culturas y sociedades del país dentro de la lógica impuesta de una sociedad financiadas por las empresas imperiales comercializadoras del crudo y países potencias financistas como China o Estado Unido.
Complaciendo esa lógica no podemos aceptar la destrucción del río Orinoco, el Amazona, el Caura, la Sierra de Perijá y su piedemonte y sus zonas de vida aledañas para construir puentes, puertos en zona de interés pesquero como las aguas en Sucre o Apure, o Zulia vías ferroviarias, ciudadelas para albergar familias de obreros para sustituir la importación de tubos, válvulas y demás piezas fabriles petroleras, mineras, o petroquímicas y poder así cumplir con los convenios firmados con países asiáticos, europeos o de América toda que darán al traste con nuestros ríos, bosques y territorios indígenas. Si sacamos el petróleo pesado del Orinoco, o el carbón del piedemonte perijanero o Lobatera. Si hacemos navegable el río Apure y los empresarios brasileños  también construyen los dos modernos mega puertos en Araya, estado Sucre y Simón Bolívar o Puerto América en aguas del Golfo de Venezuela, así como la extracción de gas entre las aguas de los estados Zulia y Falcón nos quedaremos sin peses para el consumo interno y para exportar.
Quizás seremos un ?País Potencia? pero sin pueblos indígenas, con ríos y costas marinas sin peses, sin bosques originales, sino de filas de árboles para exportar madera, con mayor número de enfermedades ocupacionales y si agua. No queremos este país potencia socialista integrado a partir de la destrucción del suelo, del subsuelo y la atmosfera contaminada, integrado a partir de enormes tubos ensamblados con Brasil y Colombia, transportando en sus aviones repletos de empresario privados imperiales y de países pobres y ricos a firmar convenios. No queremos ver salir barcos de estos megapuertos hasta el papo llenos de hierro, plásticos, carbón, petróleo, fosfato, urea, llaves y tubos y vegetales y frutos levantados a fuerza de productos químicos. Digamos no a este tipo de desarrollo y ?País Potencia? propuesto en la línea estratégica u Objetivo histórico número tres. Esto es una falacia histórica.

No queremos los ejes de desarrollo que entran a Venezuela desde Colombia o Brasil ni mucho menos la integración ensamblada de kilómetros de enormes tubos trasportadores de gas y petróleo ordenado desde las cúpulas tecnocráticas de la IIRSA y el PPP o Mesoamericano. Si queremos una patria bonita inteligente viviendo en consultas apropiadas democráticas que reduzca el poder al Presidente de turno y a su Ejecutivo y lo compartamos con las miles de organizaciones sociales democráticas que hacemos vida políticosocial en el país, pues la democracia es plural o no es. No puede haber pensamiento único y partido único al servicio de la cúpula gobernante.


El modelo del Plan Patria propuesto por el Gobierno de turno nos acerca más al capitalismo salvaje y a la destrucción de la vida en el planeta, sigue el modelo de vida montado como el resto de los gobiernos de América Latina sobre la renta energética minera y el que hacer de las culturas y sociedades del país dentro de la lógica impuesta de una sociedad financiadas por las empresas imperiales comercializadoras del crudo y países potencias financistas como China o Estado Unido.


Complaciendo esa lógica no podemos aceptar la destrucción del río Orinoco, el Amazona, el Caura, la Sierra de Perijá y su piedemonte y sus zonas de vida aledañas para construir puentes, puertos en zona de interés pesquero como las aguas en Sucre o Apure, o Zulia vías ferroviarias, ciudadelas para albergar familias de obreros para sustituir la importación de tubos, válvulas y demás piezas fabriles petroleras, mineras, o petroquímicas y poder así cumplir con los convenios firmados con países asiáticos, europeos o de América toda que darán al traste con nuestros ríos, bosques y territorios indígenas. Si sacamos el petróleo pesado del Orinoco, o el carbón del piedemonte perijanero o Lobatera. Si hacemos navegable el río Apure y los empresarios brasileños  también construyen los dos modernos mega puertos en Araya, estado Sucre y Simón Bolívar o Puerto América en aguas del Golfo de Venezuela, así como la extracción de gas entre las aguas de los estados Zulia y Falcón nos quedaremos sin peses para el consumo interno y para exportar.


¿Quizás seremos un País Potencia? pero sin pueblos indígenas, con ríos y costas marinas sin peses, sin bosques originales, sino de filas de árboles para exportar madera, con mayor número de enfermedades ocupacionales y si agua. No queremos este país potencia socialista integrado a partir de la destrucción del suelo, del subsuelo y la atmosfera contaminada, integrado a partir de enormes tubos ensamblados con Brasil y Colombia, transportando en sus aviones repletos de empresario privados imperiales y de países pobres y ricos a firmar convenios. No queremos ver salir barcos de estos megapuertos hasta el papo llenos de hierro, plásticos, carbón, petróleo, fosfato, urea, llaves y tubos y vegetales y frutos levantados a fuerza de productos químicos. Digamos no a este tipo de desarrollo y ?País Potencia? propuesto en la línea estratégica u Objetivo histórico número tres. Esto es una falacia histórica.

Fuente: Sociedad Homo et Natura

 

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